«CON LUZ PROPIA»

Como una brisa baja Briceño…

su mirada, barriendo los cerros y el plan de Valparaíso; su mirada cándida y a la vez penetrante. Me encontré con él, cuando allá por 1983 lo invité a acompañarme en “Espacio de talentos noveles”, (Sala Edwards del Instituto Chileno Británico), con la muestra “Veinte miradas en un charco, el universo paralelo”. Esta nace de la contemplación amorosa de un espacio privilegiado en el corazón de su autor. Durante nueve años Briceño ha vivido en Valparaíso. Me comenta respecto de ellas, en la conversación epistomail: -“Muchas de ellas las estuve esperando, deteniéndome por ratos largos, paciente, sin fijarme en el tiempo, con el afán de sentir lo logrado.”- Briceño se despliega en dos ámbitos muy distintos, aunque unificados por la misma mirada de asombro. Como volviendo al “paleolítico medio” de la historia de la imagen se aboca a trabajar con la cámara estenopeica. (del griego: στένω/steno: estrecho, ὀπή/ope: abertura, agujero), una cámara fotográfica sin lente, y con película análoga, donde utiliza su habilidad para crear –pese a la rudeza del medio,- imágenes urbanas de compleja construcción; árboles cuyo “efecto borde” destaca la estructura diseccionada y su forma radial como una fuente fastuosa de energía; en otras nos traen el despertar del sueño, borrosas e inescrutables. Destacan sus músicos juglarescos mientras peatones se desplazan por callejuelas empinadas como imágenes fantasmas. Otras parecen hechas mucho más recientemente por su limpia composición y claro detalle. -“La magia verdadera consiste en atrapar las luces reflejadas y las sombras que marcan las figuras, luego llevar la película a los baños químicos, positivarlas en papel, porque, a mis 60 años, no pierdo la compostura del asombro y la felicidad de hacerlo, con esta cámara artesanal”.-

En la tecnología más moderna digital se maneja ambidextro en monocromo y color. Nos invita a seguirlo en sus juegos visuales, ya de imágenes y letreros (“sólo fiscalizadores” y aparece un cesante cruzando el paso peatonal); ya entre dos o más donde, al interactuar se crean sentidos nuevos, (la frutería y la fotografía de Allende con Neruda a veces sardónicos, divertidos o irónicos. Adquieren sus imágenes condición surrealista cuando una anciana baja por una escalera donde está pintado el teclado de un piano y un juego de enormes manubrios aluden a los vehículos imaginarios de la infancia; o la de un “Cristo caminante sobre los tejados” en un amanecer apocalíptico. Otras fotografías constituyen homenajes a pintores de los cuales se considera deudor en su desarrollo visual: de Magritte (la pintura de la vieja persiguiendo a un papelero, o el depósito de basura y los guantes; ya de Brueghel: cuando al dividir el cuadro en dos o más secciones crea ambientes muy mágicos, o al reciclar imágenes entra en deuda con el POP (invito a mirar la muestra desde esta perspectiva, porque reconocerse heredero es una señal de honestidad intelectual). El juego entre imágenes de imágenes crea, a veces, un entorno de realismo mágico realzado muchas veces por su condición monocromática. Retrucando a ese especie de Bardo medieval: sus imágenes son “tan difíciles de encontrar, como nada fáciles de explicar”. Este ha sido un intento de explicar su enigma en menos de 550 palabras sin un qué.

JUAN MEZA-LOPEHANDIA (artista visual)

afiche-ok